Este capítulo analiza el papel de los democristianos, liberales y socialdemócratas reformistas del franquismo en la transición hacia la democracia, centrándose en sus trayectorias, limitaciones y aportaciones. El título alude a la frase de Gil-Robles sobre la evolución de algunos franquistas hacia el pluralismo, aunque en España el desarrollo de una democracia cristiana fue débil frente a países como Italia o Alemania, debido al fuerte vínculo histórico entre catolicismo y autoritarismo, y al apoyo prolongado de la jerarquía eclesiástica durnate el franquismo.
Gil-Robles, líder de la CEDA y colaborador del golpe de 1936, intentó reconvertirse en referente democristiano, fundando la Democracia Social Cristiana y, más tarde, la Federación Popular Democrática, basado en las ideas demócratacristianas europeas de Alceri di Gasperi y Konrad Adenauer, presidente de la República de Italia y de la República Federal Alemana tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, quien más influencia tuvo ha sido Joaquín Ruiz-Giménez, exministro de Educación y embajador en el Vaticano, evolucionó desde el nacionalcatolicismo hacia un humanismo liberal, influido por el Concilio Vaticano II y las encíclicas sociales de Juan XXIII. Su revista Cuadernos para el Diálogo se convirtió en un espacio plural de reflexión y propuesta política, germen de consensos de la transición.
Hay dos momentos fundamentales. el “Contubernio de Múnich” de 1962 y reuniones previas como la de París en 1961, que acercaron a democristianos, exiliados y opositores internos en un frente democratizador, antifranquista y europeísta. La democracia cristiana española sufrió fragmentación y rivalidades que impidieron una fuerza política unificada. Intentos de coordinación como el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español (EDCEE), con presencia de la Izquierda Demócrata Cristiana (IDC, despues solo Izquierda Democrática) de Ruíz Giménez, del PNV o de CDC, entre otro, pero no lograron una cohesión para presentarse de manera conjunta en las primeras elecciones tras la muerte de Franco. El Grupo Tácito, colectivo intelectual vinculado a la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), influyó con ideas reformistas moderadas presentes luego en la democracia y que, terminó con la creación del Partido Popular Democrático (PPD) que terminó uniendose a la UCD de Adolfo Suárez.
En el campo liberal, la familia Garrigues Walker que, tenían vinculos con EEUU porque Antonio Garrigues Díaz-Cañabate fue embajador en Washington, defendían un liberalismo político y económico. Su hijo, Joaquín Garrigues, participó fue ministro de obras públicas dde 1977 a 1979, durante el primer gobierno democrático dirigido por Adolfo Suárez. No creó un proyecto político propio, lo que le llevó a integrase en UCD. Figuras como José María de Areilza y Pío Cabanillas representaron el liberalismo político de fin de régimen, impulsando una apertura gradual y participando en la creación del Partido Popular Democrático (PPD), luego integrado en la UCD, aunque Areilza fue vetado por el propio Suárez.
Dentro de la socialdemocracia no socialista, Dionisio Ridruejo pasó del falangismo a un reformismo europeísta y parlamentario, fundando la Unión Sosical Demócrata Española (USDE). Francisco Fernández Ordóñez y Rafael Arias Salgado, promovieron la Federación Socialdemócrata. Otros espacios como FEDISA, fundada en 1975 por políticos y juristas de diversas tendencias, buscaron diseñar una “derecha moderna y democrática” mediante estudios y propuestas de reforma.
En conjunto, estos sectores —más intelectuales que de acción directa— ayudaron a preparar el terreno para el cambio, facilitando la transición de antiguos cuadros franquistas a la política democrática. Aunque dispersos, aportaron ideas y redes que confluyeron tras 1975 en partidos como la UCD, el PSOE y, más adelante, el PP, contribuyendo a la integración europea y a un modelo político basado en consenso y moderación.
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