Tras las elecciones generales de 1977, la "correlación de debilidades" como la denominó Manuel Vázquez Montalván, provocó que, ante la imposibilidad de que, algún partido impusiera su hoja de ruta, se iniciase un proceso constituyente con una ponencia en la que participaron representantes de UCD, PSOE, PCE, CDC y AP, quedaron fuera el resto de partido con representación parlamentaria, aunque el PSP de Enrique Tierno Galván, se encargó de redactar el Preámbulo. La ponencia constitucional elaboró un borrador que fue debatido en el la Comisión Constituyente y, posteriormente, en el Congreso y el Senado durante el año 1978. El texto final fue aprobado por ambas cámaras, con 326 votos a favor en el Congreso y 226 votos en el Senado, el 31 de octubre de 1978. En la votación final en el Congreso:
Partidos: Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Euskadiko Ezkerra (EE) y algunos diputados de Alianza Popular (AP). En concreto: Gonzalo Fernández de la Mora (AP), Alberto Jarabo Payá (AP), José Martínez Emperador (AP), Pedro de Mendizábal y Uriarte (AP), Federico Silva Muñoz (AP), Francisco Letamendía Belzunce (EE).
Abstenciones
Partidos: Alianza Popular (parte de sus diputados), Partido Nacionalista Vasco (PNV), algunos de UCD, Minoría Catalana y PSA. En concreto: Licinio de la Fuente y de la Fuente (AP), Álvaro de Lapuerta y Quintero (AP), Modesto Piñeiro Ceballos (AP), Iñigo Aguirre Querexeta (PNV), Xabier Arzallus Antía (PNV), Gerardo Bujanda Sarasola (PNV), José Ángel Cuerda Montoya (PNV), José María Elorriaga Zarandona (PNV), Pedro Sodupe Corcuera (PNV), Marcos Vizcaya Retana (PNV), Jesús Aizpún Tuero (UCD), Pedro Morales Moya (UCD), Joaquín Arana i Pelegre (Minoría Catalana), Heribert Barrera Costa (Minoría Catalana)
Los grandes partidos políticos, como la Unión de Centro Democrático (UCD), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE), promovieron una campaña muy activa y coordinada a favor del “sí” en el referéndum constitucional. Su estrategia se centró en transmitir un mensaje de unidad nacional, enfatizando la necesidad de alcanzar un consenso amplio que garantizara la estabilidad política y social tras décadas de dictadura. Estos partidos hicieron un esfuerzo por destacar que la aprobación de la Constitución supondría un paso decisivo hacia la modernización democrática, asegurando derechos fundamentales, libertades públicas y un marco legal que posibilitara la convivencia entre diferentes sensibilidades políticas. Para ellos, el “sí” representaba la llave para consolidar la democracia y evitar la ruptura social, ofreciendo un proyecto común que trascendiera viejas divisiones.
Por otro lado, quienes defendieron el “no” a la Constitución expresaron críticas en varios ámbitos fundamentales. Alegaban que el texto constitucional resultaba insuficiente o limitado en materia de derechos sociales, cuestionando que no se garantizara con la suficiente fuerza el acceso a servicios públicos universales o la justicia social. Además, el modelo territorial planteado en la Constitución —basado en el reconocimiento de las autonomías— fue objeto de rechazo por quienes lo consideraban ambiguo o insuficiente para reconocer plenamente la diversidad nacional dentro del Estado. También hubo voces críticas que estimaban que las libertades políticas y civiles recogidas en el texto no iban lo suficientemente lejos, ya sea por incluir limitaciones o por la forma en que se configuraban algunos derechos. En definitiva, los opositores al “sí” percibían que el texto representaba un compromiso que, si bien avanzaba, no respondía a todas las demandas de transformación social y política que algunos sectores reclamaban.
Finalmente, las fuerzas que optaron por la abstención promovieron la no participación en el referéndum como una forma de expresar una disconformidad parcial o crítica con el proceso constitucional. No estaban completamente en contra de la democracia o del cambio político, pero consideraban que el referéndum no recogía todas las aspiraciones de sus bases o que el proceso había sido insuficientemente inclusivo y transparente. La abstención se planteó así como una herramienta política para manifestar que, aunque reconocían el avance que representaba la nueva Constitución, no la apoyaban de manera plena o definitiva, buscando presionar para futuras mejoras o reformas.